Por: Eduardo Zaragoza

El hombre, la espada, la leyenda     2.5/5


La famosa leyenda del Rey Arturo y su espada Excálibur llega una vez más al cine, pero ahora lo hace de la mano del director Guy Ritchie y con Charlie Hunnam como protagonista.

La historia va así: Uther Pendragon (Eric Bana, impecable) es el rey de Britania, una nación que ha convivido en paz con los magos por mucho tiempo, hasta que Mordred (Rob Knighton) rompe con el pacto de no agresión y comienza una guerra contra Camelot. Llevando a sus ejércitos en gigantescos elefantes, las tropas de Mordred parecen invencibles, máxime por el poder que el mago desencadena; pareciera que no hay fuerza humana que pueda hacerle frente y sólo es cuestión de tiempo para que Camelot caiga, pero Uther tiene un as bajo la manga, una espada que resulta ser el objeto más poderoso que existe y justo ahí, cuando toda esperanza parecía perdida, el rey acaba con la batalla en un instante, porque el que empuñe Excálibur podrá hacer cosas más allá de la imaginación.

El problema con esa clase de poder es que todos lo desean, incluso los de su propia sangre y la traición a manos de su hermano Vortigern (un fantástico Jude Law) llega muy pronto. Uther muere y su hijo Arturo (Hunnam) es puesto en una canasta para navegar por el Támesis y llegar a Londinium; ahí será criado en un burdel y aprenderá que la vida es muy dura, y crecerá con el espíritu de las calles, siendo un tipo duro y haciendo amistades valiosas para su futuro. Y es un futuro no muy prometedor, porque cuando su tío Vortigern lo encuentra lo quiere muerto lo más pronto posible para poder usar Excálibur y volverse invencible. Ahí comienza el camino de Arturo para reclamar lo que es suyo por derecho, derrotar a Vortigern y acabar con la amenaza de la oscuridad que se cierne sobre su nación.

Guy Ritchie es un director singular, con un estilo muy particular, uno que por cierto le sentó muy bien a Snatch, RocknRolla y a los dos filmes de Sherlock Holmes, siendo estas últimas hits mundiales, y unas películas muy entretenidas. Pero cuando el realizador transporta el vértigo que lo caracteriza a la leyenda de Arturo, los resultados no son los mejores. El problema es que la acción es frenética y muy ruidosa, muy salvaje, demasiado salvaje, demasiado inverosímil; aparte de la fabulosa y muy vistosa primera secuencia, aquella con los enormes paquidermos, las demás son exageradas al extremo, retacadas de un CGI innecesario y que de buenas a primeras transforma a la película en un gigantesco videojuego. En su deseo de crear una suntuosa y colosal cinta de superhéroes, Ritchie no sabe cuando parar y no se modera, entregando un espectáculo confuso, enredado y pasado de la raya. Estoy convencido de que si fuera un filme más reservado, y sin caer en la exageración de la grandilocuencia, estaríamos ante la perfecta cinta veraniega. Eso sí, el soundtrack de Daniel Pemberton es poderoso, iracundo y convincente al 100% y es un deleite auditivo absoluto. Además, la paleta de colores usada en la fotografía por el gran John Mathieson es fantástica, como de costumbre.

Terrible no, pero tampoco fantástica, El Rey Arturo: La Leyenda de la Espada cae víctima de su propia ambición, de su anhelo de grandilocuencia y lo que pudo ser una extraordinaria película de verano se convierte solamente en una reta de maquinitas de arcade.

King Arthur: Legend of the Sword (Warner)

Estados Unidos, 2017

Director: Guy Ritchie

Elenco: Charlie Hunnam, Jude Law, Djimon Hounsou, Aidan Gillen, Astrid Berges-Frisbey y Eric Bana.