Reseña: The Wow! Signal de Muse

Por: Eduardo Zaragoza

MUSE

THE WOW! SIGNAL (WARNER, HELIUM 3, KHALE MUSIC)  4.5/5

Dicen que hay momentos en la vida que, cuando suceden, puedes dejar que te definan, te cambien o te destruyan. Momentos en los que la realidad se altera por completo, y lo que apenas un segundo antes era, al siguiente ya no. La vida es tan caprichosa y bizarra, que lo que uno construyó por mucho tiempo, puede acabar borrado de un solo golpe, intempestivamente, a veces, sin explicación alguna. Esos momentos que desafían a la imaginación, a la misma realidad, pueden definirnos, cambiarnos o destruirnos; y en ocasiones, pueden ser usados para materializar algo importante, algo trascendente. En alguna ocasión, Carrie Fisher dijo que hay que tomar un corazón roto y convertirlo en arte, y ciertamente es algo que se puede lograr, pero el camino que hay que recorrer es difícil y con más bajas que altas.

Me parecía que Matthew Bellamy se adentraría por completo en los misterios del cosmos, de las estrellas, como ya lo había realizado antes, pero la realidad es que usa la incógnita de la celebre Señal Wow! de 1977 como metáfora de aquello que sucede frente a nuestros ojos y que no podemos explicar, aunque innegablemente esté pasando.

La intensa luz se funde con la oscuridad, el tiempo se distorsiona; la realidad deja de serlo, y es que The Wow! Signal es uno de los discos más oscuros de Muse, uno muy duro, y el más maduro, pero también el más doloroso de la ya legendaria banda británica.

The Wow! Signal es un compendio de todo lo que ha consagrado a Muse, pero llevado un paso más allá que en álbumes anteriores. El décimo trabajo de los británicos es un hermoso lamento lleno de desesperanza, en el que la luz no llega a brillar, y en el que el dolor triunfa por completo. Es la forma en la que Bellamy nos dice que su corazón está roto, y que no tiene una explicación clara a cómo sanarlo, porque a veces, la vida está llena de preguntas sin respuestas, pero en ese camino, intentando resolver esas interrogantes, uno se encuentra en parajes tan distintos, tan disimiles como iguales, porque al final, la vida sigue siendo la niebla.

Cada corte del LP es diferente entre sí, pero todos cohesionan perfectamente dentro del mismo ecosistema, permeando una misma idea; la realidad es una incógnita, los sucesos de la vida no se pueden explicar, y eso, es más doloroso de lo que las simples palabras pueden decir.

Es una placa que no tiene canciones débiles, y es que Be With You es el único momento en que el disco flaquea, pero no por ser una mala canción; el problema para el track que se encuentra en el ecuador del LP es que debe codearse con composiciones formidables, de una tremenda envergadura, algunas que se han convertido en clásicos instantáneos del canon de Muse, y que brillan fulgurantemente.

Shimmering Scars es desgarradora, tremendamente dolorosa, y una de las mejores baladas que Bellamy haya compuesto, pero los puntos más altos de The Wow! Signal son aquellos con más músculo y poder; las excelentes Cryogen, The Sickness In You & I, Unravelling son una delicia absoluta. Hexagons es una maravilla que se siente como una máquina orgánica, y Nightshift Superstar es la pieza bailable más oscura que podríamos esperar de Muse. Todas parecen traídas del pasado más glorioso de la banda, pero con la madurez y las vivencias del presente. Hush, con la colaboración de Ellie Goulding es una enorme sorpresa, con toques muy pop y un enorme riff. El cierre con Space Debris es devastador, casi como un llanto de resignación a la mitad de la nada, como cuando la soledad invade en el momento en que el corazón se rompe por causa del amor. Y sí, he dejado fuera de este análisis a The Dark Forest, canción que abre el LP, por una buena razón; merece un análisis totalmente por separado, al trascender al resto del álbum y alcanzar una dimensión extra que no escuchábamos de Muse desde hace mucho.

Matthew Bellamy, Dominic Howard y Chris Wolstenholme ya no deben demostrarle nada a nadie, ya han hecho la música que querían por décadas, por lo que se agradece que este trabajo suene así. Bellamy expone su dolor, su amargura y lo hace de forma honesta, cruda y directa, lo que le brinda alma y corazón a The Wow! Signal, y aunque también se siente como una complacencia para los fans, para nada es una queja que lo hayan hecho, cuando han conseguido la calidad de este producto final.

Poderoso, solemne, y a ratos no tanto, este portentoso disco se posiciona muy alto en la obra de Muse. Esta vez el trío entendió que su lado oscuro y hasta tétrico es el mejor que tienen, su carta más fuerte, y lejos de ser malo es la culminación, la epítome de lo que Muse representa; grandeza y pomposidad, un rock barroco en extremo, poderoso y en ocasiones lúgubre que pone al frente y al centro los sentimientos más básicos, los más profundos, planteando preguntas que muchas veces no tienen respuesta, mostrando enigmas que seguirán así, pero que nos demuestran que hay momentos que pueden definirnos, cambiarnos o destruirnos. Y creo que The Wow! Signal es un punto definitorio para Muse, uno que ha llegado muy alto, porque en ocasiones, un corazón roto puede convertirse en arte, y en la oscuridad también hay belleza, una belleza que sólo nace y crece en el más profundo dolor.

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